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Actividad y productividad - Las orugas procesionarias.

Son unos animalitos muy curiosos, una vez un padre preocupado por dejar buenas enseñanzas a su hijo, lo llevó a observarlos.

Los encontraron formando una larga fila, las orugas iban una tras otra muy bien alineadas arrastrándose disciplinadamente tratando de llegar a algún lado, por lo menos en apariencia.

El hombre se las arregló para colocar a las orugas formando un círculo en el cual cada una de ellas seguía a la que tenía delante, animó a su hijo a observarlas con atención. Pasaron más de dos horas y los animalitos no hacían más que seguir su marcha interminable dando vueltas una tras otra en círculo.

El niño se sintió apenado e indicó a su padre la necesidad de proporcionar alimento a las orugas que ya se veían desfallecer, el padre se mostró de acuerdo y colocó alimento al centro del círculo.

Ante la sorpresa del niño, las orugas siguieron su marcha inalterable, buscaban comida desesperadamente y la tenían a poquísima distancia pero continuaban marchando detrás de la que iba delante, interminablemente, incansablemente. Poco tiempo después, al oscurecer el padre llevó al entristecido niño a casa para dormir, volverían a la mañana para ver qué pasaba con las orugas, prometió.

En efecto, al amanecer el niño desesperado despertó a su padre y juntos fueron al lugar donde dejaron a las orugas, vieron cómo ésta seguían su camino en círculos, alguna que otra habían muerto, otras se retrasaban y avanzaban apenas con las pocas fuerzas que aún tenían, la comida seguía allí, en el centro del círculo sin que una sola de las orugas fuera capaz de romper la fila cambiando de rumbo para ir a encontrar su salvación.

Unas horas más tarde todas las orugas habían muerto, por increíble que parezca, habían muerto de hambre y de cansancio, no podía decirse que hubieran permanecido ociosas, por el contrario fueron un ejemplo de actividad, no dejaron de caminar y literalmente se mataron buscando su alimento, pero pese a tenerlo tan cerca, no lo alcanzaron, murieron creyendo ir tras un objetivo y un ideal.

Sucede que, no tenían claramente definido su destino, no sabían a dónde se dirigían, solo se limitaban a seguir a la que iba delante, ninguna tuvo la iniciativa mínima necesaria para cambiar de rumbo, vivían y se movían por simple inercia.

Es ese un ejemplo del trabajo improductivo, nos ilustra con claridad una de las formas más frecuentes de trabajo sin sentido y sin finalidad; nos ilustra también lo que sucede con la vida de las personas cuando no han definido sus metas, objetivos y un rumbo para lograrlos. Es la explicación y la respuesta para quienes trabajan incansablemente sin lograr nada en la vida.

La deducción cae por sí sola, es necesario fijar objetivos, metas, señalar plazos y avanzar siguiendo un rumbo definido para llegar a donde uno quiere llegar. Lo contrario será como caminar de la misma forma que las orugas procesionarias, desperdiciar tiempo, esfuerzos, conocimientos y habilidades, será solo morir sin significado y sin trascender.

Quienes hacen eso son las personas que se levantan temprano cada día para ir al trabajo, uno puede encontrarlos tomando un taxi o esperando un bus en la esquina, puede preguntarle para qué lo hace y le responderá que va a trabajar.

Luego pregúntele para qué va a trabajar y le dirá que lo hace para poder ganar su sustento, para poder comer y llevar el sustento a su familia.

Pregúntele después para qué tiene que comer y le dirá que es para poder vivir, retornar a casa por la noche y poder descansar.

Entonces pregúntele para qué necesita descansar y le responderá que es para poder al día siguiente levantarse temprano e ir a trabajar.

Sí, es verdad, la mayoría de las personas viven así, en un continuo círculo sin fin y ni siquiera sabe cuándo comenzó.

Son estas personas que llenan las oficinas solo para registrar su entrada y luego hacen cola esperando que el reloj marcador señale la hora en que deben registrar su salida para volver a casa (en el mejor de los casos) o ir al bar o dedicarse a actividades intrascendentes como mirar ociosamente la televisión durante todo el resto del día, acudir a una fiesta tras otra, consumir alcohol, deambular sin sentido, ni siquiera dar una orientación a los hijos; ir a pelear con la familia, etc.

Quien quiera hacer algo significativo con su vida tienen que hacer el esfuerzo para romper la rutina y encontrar la verdadera meta, luego trazar el rumbo y seguirlo disciplinada y persistentemente, cuando hayan alcanzado la grandeza podrán mirar hacia atrás con sano y legítimo orgullo habiendo dejado huella en la historia de su propia vida y también en la de los demás.

LUIS JÄEGER FERNÁNDEZ.

Las hormigas Cajamarquinas | El horror al vacío y el desarrollo humano

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